Sara Ruiz, universitaria con 9,7 de media: “Sólo mi familia sabe que tengo altas capacidades”


Sara Ruiz, universitaria con un 9,7 de media, aseguró que “sólo mi familia sabe que tengo altas capacidades” y admitió que todavía siente cierto temor por la reacción que podrían tener otras personas si llegaran a conocerlo.
La joven, que estudia el doble grado de Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, descubrió hace apenas unos meses una condición que, según reconoce, le permitió comprender mejor algunos rasgos de su personalidad.
Con 22 años y a punto de graduarse, la estudiante nacida en Carboneras, un municipio de unos 8.000 habitantes de Almería, construyó uno de los expedientes más destacados de su promoción. Su nota media alcanza el 9,7 y ya había obtenido un 10 durante el Bachillerato.
Sara dejó Almería para estudiar en Madrid gracias a una combinación de esfuerzo familiar y ayudas económicas. Su familia está vinculada a una pequeña empresa pesquera y afrontar los costos de una carrera universitaria lejos de casa suponía un desafío importante.
A lo largo de los años recibió distintas becas y recientemente fue seleccionada para el Proyecto Dorotea, una iniciativa de la Fundación Adecco destinada a estudiantes con expedientes sobresalientes y dificultades económicas.
Mientras cursaba la carrera compartió piso en Getafe y también realizó distintos trabajos temporales para complementar sus ingresos. Trabajó en un supermercado, atendió un kiosco y fue monitora infantil durante diferentes períodos.
Su vocación por el periodismo la llevó además a realizar prácticas en La Voz de Almería, donde comenzó a conocer el funcionamiento cotidiano de una redacción. Allí descubrió su interés por los temas sociales, educativos y sanitarios, áreas en las que espera desarrollarse profesionalmente.
Aunque siempre destacó por sus resultados académicos, Sara no supo hasta este año que tenía altas capacidades. La evaluación realizada en el marco de su programa de becas reveló un perfil intelectual superior a la media, con una puntuación de 128 y un resultado de 141 en comprensión verbal.
La noticia sorprendió incluso a su propia familia. Según cuenta, nunca se sintió identificada con algunos de los estereotipos que suelen asociarse a esta condición. Tampoco con la idea de que las personas con altas capacidades necesariamente fracasan en la escuela o se aburren en clase.
Lo que sí reconoce es una fuerte tendencia al perfeccionismo. En varias etapas de su vida sintió una presión constante por obtener buenos resultados y recuerda que durante el Bachillerato llegó a atravesar períodos de estrés vinculados al estudio.
Incluso hoy admite que sigue siendo muy exigente consigo misma. Mientras muchos estudiantes considerarían una buena nota un aprobado holgado, ella reconoce que un examen que termina con un 6 o un 7 puede dejarle la sensación de que algo salió mal.
A pesar de haber conocido recientemente el diagnóstico, Sara todavía evita hablar del tema con naturalidad fuera de su entorno más cercano.
Explica que durante mucho tiempo también tuvo sus propios prejuicios sobre las altas capacidades y que no quiere que esa condición termine definiendo quién es.
Por eso, hasta ahora, sólo su familia conocía esta faceta de su vida. Su preocupación no pasa por la etiqueta en sí misma, sino por la posibilidad de que otras personas comiencen a tratarla de manera diferente.
Fuente: www.clarin.com



